Adoración Nocturna Española de Jaén

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Publicado el, 31. Diciembre 2011
ERNESTO AGUILAR AZAÑÓN EN EL RECUERDO

El pasado 25 de diciembre, precisamente la festividad de la Natividad de Jesús, nos ha dejado nuestro buen amigo Ernesto Aguilar Azañón. La Adoración Nocturna de la diócesis de Jaén lo ha sentido profundamente y para los que le conocimos y tratamos, él siempre estará en nuestro recuerdo. Todos los Adoradores Nocturnos lo vamos a echar de menos, y su falta será notable en el Consejo Diocesano, en la coordinación del Boletín, en las Peregrinaciones a Fátima, en las famosas y entrañables Convivencias y en tantas actividades en las que intervenía, sin olvidar las parroquiales.
Tuve la suerte de formar parte del Consejo Diocesano, cuando él lo presidía y ello me hizo tratarlo, conocerlo bien y, sobre todo, admirar las muchas virtudes con las que el Señor le había dotado. Sin lugar a dudas, las más sobresalientes fueron su gran amor a Jesús Eucaristía y a la Adoración Nocturna. Por ellas vivía y ambas le hacían vivir en profundidad su cristianismo, en todos sus ambientes, tanto el familiar como el social.
Recuerdo que le acompañé por distintos pueblos de la provincia para conocer el funcionamiento de las Secciones. Él quería conocer de cerca sus problemas y puedo decir que siempre encontraba la manera de que pronto estuviesen sobre la mesa todos los detalles y también pronto las mejores soluciones. No exagero si digo que su preocupación era grande, cuando surgían serias dificultades, aparentemente insalvables. En ese caso, nos animaba a que rezásemos al Señor y pronto las cosas cambiaban. Podría contar muchos casos. ¡Qué ilusión le hacía, cuando una Sección en suspenso se restauraba o se fundaba otra!
Sus muchos años en el Consejo Diocesano de la Adoración Nocturna le hacía ser muy conocido y, sobre todo, muy querido por todos los Adoradores, sin excepción. Siempre nos dejó hacer y nos daba plena libertad en nuestras distintas misiones que teníamos en el dicho Consejo. Era un hombre sencillo, amable, afable, entregado, humilde; siempre evitaba el protagonismo y nunca impuso su criterio, pero todos acatábamos sus decisiones. En resumen, un auténtico cristiano.
Quizá mi mayor admiración hacia Ernesto nació en su amor a Jesús Eucaristía, que, como dije antes, era lo más grande para él. Adoraba en silencio, sin aspavientos, pero de una manera efectiva y real. Daba alegría estar cerca de él y ver su fervor y amor a la Eucaristía, no sólo ante el sagrario, sino en cualquier momento de la conversación.
Ni que decir tiene también su inmenso amor a la Adoración Nocturna, a la que se entregó en cuerpo y alma, no sólo cuando fue Presidente del Consejo Diocesano, olvidándose de casi todo lo demás, incluso de lo más fundamental. De ello, bien nos podrían hablar sus familiares, pues tuvo la suerte Ernesto de tener a su lado a Anita, una esposa fiel y leal, una gran ayuda, y unos hijos buenos y ejemplares: David, Jesús, Ernesto y Francisco. Todos ellos colaboraron e hicieron posible que Ernesto se dedicara por entero a la misión que Dios le había encomendado en este mundo. Por ello, mi enhorabuena a Anita y a sus hijos por haber tenido a Ernesto como esposo y padre.
Que el ejemplo y testimonio de Ernesto sean el espejo en el que nos miremos los Adoradores Nocturnos. Estamos seguros que desde el Cielo, en sus Vigilias, ya eternas, y cara a cara con Jesús, intercederá al Señor por su Adoración Nocturna de Jaén.
Nos unimos al dolor de sus familiares y pedimos al Señor que Ernesto descanse en la Paz, que supo ganarse.

Sebastián Barahona Vallecillo,
de la Sección de Mengíbar

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